
Los chinos tienen un nacionalismo muy diferente, por ejemplo, al nacionalismo árabe. Claro, se trata de dos bolas culturales diferentes. Los árabes no tuvieron nada parecido al comunismo chino. Los chinos son más viejos que los árabes. Las religiones tradiciones de ambas culturas son diametralmente opuestas. Además los chinos tienen los ojos chiquitos y estirados, son lampiños y lacios, y los árabes tienen los ojos redondos y grandes, son de pelo quebrado y muy peludos.
No se qué tan cierto pueda ser, pero presiento que los árabes no son muy buenos tragadores de cultura ajena. Muchos de ellos ya se visten igual, a la occidental. Y también hay países árabes muy occidentalizados, como Argelia y Líbano. Pero por el otro lado, está el caso inverso de Arabia Saudita: tradiciones árabes en su pureza. Róbate un reloj y te corto el manito. En fin, todas esas costumbres que tanto enfadan a los fresas de occidente, como apedrear mujeres.
No se qué tan cierto pueda ser, pero presiento que la cultura árabe obliga al ser humano árabe –peludo, cabello negro- a no adaptarse tan fácilmente a otra cultura. Habrá algunos que les importe una mierda Alá –el camellero-, y sean más liberales que las putas de Holanda, pero –no se qué tan cierto pueda ser- presiento que un número muy elevado de ellos –supongamos el 60%- cuando emigran a otros países quieren seguir siendo lo que son: fuckin arabs.
Los chinos, en cambio, son harina de otro costal, o mejor, arroz de otro costal. Su religión es más filosofía que teología, y en nada se parecen el budismo y el islam. El primero fue creado cientos de años antes que el segundo, en las selvas de la India, por un poeta, un filósofo, un aristócrata que decidió renunciar al mundo y buscar la verdad de la vida. En el budismo la única violencia y conquista ejercida es contra el instinto. El islam, en cambio, fue creado por un camellero en los delirios de las fiebres del desierto: predica la conquista, la violencia contra los “infieles”, la “guerra santa”, la sumisión de la mujer al hombre y demás espejismo del Sahara. ¿Cuál es mejor? ¿Cuál es peor? Ese no es el punto: el punto era ilustrar la especificidad china.
Pero luego a los chinos se les aparece occidente. Y a la mierda la historia, mejor consultemos a la sabia literatura, que nos dice más sobre el carácter concreto de los pueblos, sobre el sentir nacional y los conflictos reales, que mil páginas escritas por un historiador.
En su estupenda novela “Vientos del Este, Vientos del Oeste”, Pearl S. Buck, una de las primeras mujeres en ganar el premio nóbel de literatura, pinta a la china de principios del siglo XX. Y no se trata de la típica viajera gringa con short, gafas y cámara fotográfica que va una semana a un país y cree conocerlo todo. Pearl S. Buck prácticamente nació en China: sus padres eran misioneros y desde los 3 meces abandonó EU para vivir nada más cuarenta años en China. Así que, suponemos, la señora Buck sí sabía de lo que hablaba, y de lo habla en la novela citada era de los conflictos entre los chinos de clase alta y clase media con respecto a Occidente. Por un lago, una parte de ellos quería seguir manteniendo la muralla bloqueando el avance de los bárbaros. Y por otro, un número creciente de chinos estudiaba medicina, química, física, biología etc en Occidente.
Al final ganaron los occidentalizantes, pero… fue una occidentalización a la china: tomaron lo que les convenía, lo hicieron chino, y lo demás lo desecharon. Después Europa y EU salieron con el rabo entre las patas: el dragón había despertado.
Hoy se supone que China sigue siendo comunista, pero –otra vez las paradojas confucianas- es un comunismo a la China: un comunismo capitalista. Esto lo único que significa es que el PC de China es el encargado de dirigir la economía, y lo ha hecho tan bien que en pocos años superaron económicamente a todos los países europeos ubicándose sólo por detrás de uncle Sam.
El dragón rojo tiene armas nucleares, un ejército como de 800 millones de soldados y prácticamente toda la ciencia de Occidente. Según Ted S. Fishman, en su obra “China S.A”, la biología contemporánea es una ciencia en manos de ancianos judíos que se la están transmitiendo a jóvenes chinos. Y me imaginó que lo mismo pasa con la física, la química, la medicina, programación etc.
Sin embargo, Europa y Estados Unidos ya están llorando: que los chinos no compiten en igualdad de condiciones, que son unos lacras, que ese no es capitalismo honesto y que, por lo tanto, de una vez y por todas hay que “protegerse”. Vaya, ¿Pero acaso los que inventaron el “free trade” no fueron ellos? Sí, argumentan, pero sencillamente ni Europa ni EU no pueden competir contra China debido a los bajos salarios. Ya se sabe la historia: miles de empresas que abandonan Occidente para instalarse en China, y para instalarse en el país de la muralla, tiene que exportar tecnología. Además: asociarse con una empresa China que, a la larga, en cuanto aprenden la tecnología, en ocasiones le da una patada en el culo a la empresa extranjera y la despacha por donde vino, como les ocurrió a los empresarios franceses de “foie grass”.
Los países más capitalizados del mundo le están teniendo miedo a China, y cuando quieren reprocharle algo, lo hacen con la voz bajita e hincándose un poco. Y ahora no contento el dragón con que miles de empresas importantes hayan dejado parados a millones de personas en occidente para irse a su país, se están dando el descaro de comprar empresas importantes europeas y estadounidenses. Es decir, ahora los chinos le dan trabajo a millones de europeos, estadounidenses y latinoamericanos.
Y bien: eso fue precisamente lo que imitó China con su gran capacidad de mímesis cultural. Con más de 200 años de experiencia con el capitalismo occidental, le enseñaron a ser dangalla, a no respetar acuerdos medio ambientales ni de sindicatos, a pagar poco por mucho trabajo, a robar tecnología, a piratear productos y venderlos a precios irrisorios. Antes sólo fabricaban productos de muy mala calidad, hoy ya lo fabrican todo: Mac, Sony, Nissan, Ford, Levi’s… ¿Qué esperaba Occidente? ¿Que aquellos a quienes les hizo y enseñó perradas iban a regresar en túnicas de seda orientales moviendo el vientre de alegría por la comunión de los pueblos?
Ellos les enseñaron el sucio juego del capital creyendo que nunca los superarían, y ahí están los resultados: aprendieron a jugarlo mejor. Una cosa muy china.